Casi una declaración de principios:  

   Dossier Negro es algo así como un estado de ánimo. Surge de una necesidad personal; la necesidad de poseer un lugar donde expresar simpatías, opiniones, angustias, enfados y otros sentimientos por el estilo, sin pudores ni restricciones de ningún tipo. Sin otra aspiración que compartir con alguien más -aunque sea por el breve momento que dura una lectura- anécdotas, gustos literarios, imágenes y admiraciones. Y como una forma también -nunca está de más decirlo- de sobrellevar un poco el aburrimiento y la soledad que ocupan gran parte de nuestras vidas. 
   Y todo esto desde el llano, sin efectos especiales sin trucos de magia. Sin frases célebres ni grandes pensadores. Porque ¿de qué sirven todas esas ideas brillantes cuando lo único que existe es el dolor, la soledad y la desesperanza? ¿Para qué queremos todas esas grandes elaboraciones filosóficas si no sirven para calmar, aunque sea un poco, el caos existencial en el que vivimos? ¿A quién le pueden interesar, por ejemplo, todas esas especulaciones metafísicas de cierto cine si los únicos que las comprenden son sus directores y el principal sentimiento que provocan es un profundo y soporífero hastío? ¡Que todos esos intelectuales nos chupen el dedo gordo del pie! 
   Queremos ver y volver a ver mil veces películas como "Caballero sin espada", una de las mejores de Frank Capra, y reír, y sentir, y llorar de felicidad con historias de hombres comunes, de personas de carne y hueso. Queremos morir a carcajadas, escupir migas de pan y salame mientras nos destornillamos de risa con "Mi mamá es una asesina serial", de John Waters. Queremos sentirnos vivos, saber qué significa amar, sufrir, estremecerse, con la sincera humanidad que transmiten los filmes de Kurosawa. No nos hacen falta las complicaciones filosóficas de Bergman o Tarkovsky,  preferimos la crudeza de Herzog o la austeridad extrema de Robert Bresson. Nos gusta el humor ingenuo, casi naif, de Tati, la imaginación desbordante de Terry Gillian, las ocurrencias disparatadas de los Monthy Pithon, la simplicidad y la excelencia formal y narrativa de Carpenter, Hitchcock o Hawks. Preferimos -no sé si queda claro- la sencillez a las complicaciones inútiles, ir al grano a las mentiras solapadas, un saludo de manos a un abrazo artificioso lleno de besos y exclamaciones. 
   Evitamos los fuegos artificiales, si podemos festejar con globos y matracas. No nos gusta hacer alarde de lo que sabemos, justamente porque sabemos que es muy poco o casi nada. Nuestra intención es opinar, equivocarnos, aprender. Hablar de las cosas que nos gustan y que -pensamos- podrían gustarle a los demás. Por eso editamos este Fanzine. Simplemente porque no teníamos nada mejor que hacer. 
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